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SOMOS EL RÍO, de JAVIERA MORAGA, Cooperativa Trashumante Audiovisual (Chile).

Dado que la legislación argentina permite la producción de películas con personal técnico asociado a una cooperativa de trabajo que cumpla debidamente sus correspondientes obligaciones laborales y previsionales, y cuyos estatutos establezcan como objeto social la producción cinematográfica, hace muchos años que el cine independiente nacional adhiere a esta forma de realización, tanto en la ficción, en la animación, como en el documental, para desarrollar la inmensa mayoría de sus obras, valoradas en el mundo entero.

Lo ha hecho sufriendo, en todas las épocas, la despiadada persecución generada desde algunas organizaciones contra los proyectos cooperativos, en los comités del INCAA o en la actualidad, derogado el “libre deuda”, mediante inspecciones practicadas sin otra finalidad que la de perturbar los rodajes, dañándolos económica y moralmente, para así desalentar nuevos proyectos similares, de modo que terminan siendo parte de los cerrojos que enfrenta el cine independiente.

MILAGROS MUMENTHALER.

Al respecto, en una entrevista exclusiva para el video programa web Directores, a propósito de su largometraje LAS CORRIENTES, premiado en San Sebastián 2025, la directora MILAGROS MUMENTHALER refiere: “Vino SICA al rodaje y nos frenó durante tres horas la filmación. La verdad es que se vivió de forma como bastante agresiva la irrupción. Es medio shockeante cuando una está queriendo hacer una película, donde uno supone que tiene un trabajo que tiene que ver con la empatía, con el respeto hacia el otro, de repente se encuentra frente a una situación bastante violenta. Eso siempre me llamó la atención, la forma, las formas que tienen”.

LAS CORRIENTES es el tercer largometraje escrito y dirigido por MILAGROS MUMENTHALER. Protagonizado por la actriz mendocina radicada en París, ISABEL AIMÉ GONZÁLEZ SOLÁ, tuvo su debut mundial en la sección oficial competitiva del 50° Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF), fue galardonado con el Premio RTVE en la 73ª edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, participó de varios otros festivales como los de la Viennale, New York o Busan y el 13 de noviembre de 2025 se estrenó en salas argentinas.

En todo el país: Misiones, Córdoba, Entre Ríos, Mendoza, Río Negro o Santa Fe, para mencionar centros de actividad ya permanente, crecen y se integran cooperativas de trabajo con el debido asesoramiento legal, como la mejor forma de seguir haciendo cine, libres de las cadenas hegemónicas.

Frente a esta situación, la primera edición del Festival de Cine Cooperativo (FECICO), impulsado por la Cooperativa Audiovisual Latinoamericana (CALA), fue a la vez una prueba y una declaración de cuanto se puede construir trabajando en comunidad. El evento, dada su significación, fue especialmente cubierto por Directores.

LAS CORRIENTES

“Formamos el FECICO desde la desesperanza”, contó MARIO BRAVO GALLARDO, integrante de CALA y uno de los organizadores. “Estamos, como cooperativa, en terapia intensiva: sin fondos, sin lugares, sin organismos estatales. Y, sin embargo, decidimos armar este espacio, no solo cultural, sino político. Es como que nos tiramos al mar y no nos ahogamos. Flotamos. La base del cooperativismo es una salida laboral, una herramienta para resolver la crisis mundial del trabajo. Lo colectivo enfrenta hoy una persecución ideológica, pero este festival es también un acto de resistencia, otra forma de decir que un cine más justo y más horizontal no solo es posible, sino necesario”.

Flotar, pero no solos: flotar juntos. En eso consiste, quizás, el corazón del cooperativismo. En un mundo donde todo se mide en competencia, ranking y éxito individual, la cooperativa cinematográfica resulta una luz en medio de la tormenta.

Seguir haciendo cine, aunque el sistema expulse, precarice y fragmente

FLORENCIA MUJICA, BEATRIZ MESA y MARIO BRAVO GALLARDO de Cooperativa Audiovisual Latinoamericana.

CALA recorrió experiencias de producción solidaria en distintas provincias, descubriendo que el cooperativismo audiovisual no es un experimento, sino una realidad que respira en los márgenes. De esa experiencia nació el Festival: como punto de encuentro y laboratorio de ideas, proponiendo el diálogo en lugar del premio y el podio.

BEATRIZ MESA, también integrante de CALA, explica: “Buscamos una curaduría que pusiera en diálogo películas hechas por cooperativas o grupos colectivos. Nos interesaba ese borde donde lo cooperativo se cruza con lo colectivo. No salir de ese marco, porque ahí está el corazón del festival”.

La programación fue un mapa de resistencias: historias de trabajo, luchas medioambientales, pueblos originarios, procesos comunitarios y territorios en disputa. La jornada inaugural presentó el cortometraje MOTRIZ COOPERATIVA: ¿CRISIS LABORALMUNDIAL?, seguido de CAMINO DE REGRESO y DE LA RESISTENCIA A LA EXISTENCIA, con debate junto a su director PABLO LECAROS y miembros de la Cooperativa Tiempo Argentino.

Estrategias de producción cooperativa: cuando el cine se organiza

De todas las actividades del FECICO, la charla Estrategias de producción cooperativa fue quizás la más representativa del espíritu del encuentro. En la mesa se sentaron tres experiencias hermanas: la chilena Trashumante Audiovisual, la argentina Mil Volando y la propia CALA. La frase de apertura condensó el sentido de la reunión: “Cuando un colectivo hace una película, verla ya implica acompañar el proceso creativo”.

Desde Chile, el colectivo Somos El Río compartió su experiencia: “La horizontalidad es la brújula que guía cada decisión, cada distribución de recursos y cada planificación de proyectos”. No se trata solo de cómo se produce, sino de cómo se convive. “Nuestra cooperativa -contaron- es un espacio donde todos opinan, donde las decisiones se toman colectivamente. Nos guía una ética: crear sin reproducir las jerarquías que el mercado impone”.

Desde Buenos Aires, Mil Volando narró una trayectoria de más de una década que combina diversidad y compromiso. “Nuestra cooperativa se formó con migrantes, con personas de la comunidad LGTB, con distintas formaciones y trayectorias”, explicaron. “El cooperativismo nos dio una forma de trabajo, pero también un lenguaje común. Hacemos cine, sí, pero también construimos comunidad”.

URUGUÁ, RÍO DE LOS CARACOLES, de FACUNDO VILLALBA, Rastrojera Cooperativa Audiovisual (Misiones).

La conversación avanzó sobre los obstáculos concretos: el financiamiento, la fragilidad legal de muchas cooperativas, la ausencia de políticas públicas. “La forma legal brinda protección, pero lo esencial es generar estrategias colectivas” sintetizó FLORENCIA MUJICA, de CALA, y continuó: “No se trata solo de producir cine, sino de producir colectivamente. Hoy necesitamos del compañerismo, de los valores de solidaridad. El cooperativismo no es solo una salida laboral: es una forma de vida. Le gana al individualismo. En estos tiempos, el trabajo cooperativo se vuelve necesario. El cooperativismo no es solo una estructura: es una ética de trabajo. Una práctica que puede transformar la forma en que se cuenta una historia”.

Al final de la charla, la conclusión era clara: Las cooperativas no solo hacen cine; reinventan los modos de producirlo. Sus participantes regresan a sus territorios con la certeza de que el cine colectivo es, sobre todo, un acto de cuidado mutuo, de construcción de comunidad y de resistencia frente a un modelo industrial que, muchas veces, ignora la experiencia de los que crean juntos. La cooperación, entonces, no es solo una estrategia de producción: es la condición misma para que historias invisibilizadas puedan encontrar voz y pantalla. El cine cooperativo se distingue por su ética, por la manera en que el trabajo se distribuye y se reconoce. En lugar de jerarquías, hay confianza; en lugar de imposiciones, diálogo. Las decisiones se toman en reuniones semanales, los roles se asignan según habilidades y experiencia, y cuando surge un conflicto o un proyecto urgente, se trabaja colectivamente para responder. Incluso la colaboración con otras cooperativas, en proyectos que cruzan la ficción, lo social y lo documental, muestra que la cooperación no es un acto cerrado, sino expansivo, un tejido que se extiende más allá de los muros de la propia organización.

DANZA O BATALLA, de DANILO GALGANO, VacaBonsai Colectivo Audiovisual.

Una red que crece

El cooperativismo audiovisual no es un gesto romántico, sino una forma posible -y urgente- de sostener una fuente de trabajo cultural y artística. El Centro Cultural de la Cooperación, con su historia y su presente tan ligados al movimiento cooperativo fue la casa ideal para esta primera edición del FECICO, en la que cada proyección se vivió como una ceremonia. Nadie se iba cuando encendían las luces. Los espectadores se quedaban a conversar, a intercambiar contactos, a preguntar cómo formar una cooperativa. En el foyer de la sala se formaban pequeñas asambleas improvisadas, entre mates, risas y proyectos nuevos.

El cierre fue una celebración continental: se proyectaron URUGUÁ, RÍO DE LOS CARACOLES, de la cooperativa misionera Rastrojera; PASOS DE LUCHA, de la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (FUCVAM); y ELOGIO DE LA REBELIÓN, de FERNANDO KRICHMAR, sobre el cine que documentó los movimientos piqueteros de finales de los años 90 y comienzos del 2000.

Nadie se salva solo

 “Cuando no hay un mango, igual se puede construir”, cerró BRAVO GALLARDO. “Porque lo que impera es el colectivo. El cooperativismo tiene que ver con eso: con un grupo de personas que, en la síntesis del colectivo, se hacen una sola. Y ahora, con esperanza, ya empezamos a trabajar la segunda edición”. En la charla final, conectada desde Nueva York donde viveJUANA SAPIRE, que integró Cine de la Base, junto a su compañero de vida, RAYMUNDO GLEYZER, soltó esta frase: “El cine es colectivo o no es”.

Es simple y profundo, hacer cine juntos, filmar en comunidad, es también una manera de abrazarse.

EL TURBIO, de ALEJANDRO ENCINAS (Lago Puelo).

Por ULISES RODRÍGUEZ