Los valles calchaquíes protagonizan MUÑA MUÑA junto a LILIANA JUÁREZ.

Una película hecha en un pueblito y que conecta con la emoción, ¿también puede fascinar en el Festival de San Sebastián, o en el Hof de Alemania, La Habana o Moscú, entre otros?

Por lo menos eso me pasó a mí. Pero cuando escribí el guion, incluso después, cuando la filmamos y la estábamos editando, a priori, no tenía ningún pensamiento sobre qué podría pasar. Creo que eso es lo más interesante, cuando generás algo desde una motivación genuina. La película sucede en El Mollar, que es el pueblo donde vivía mi abuela, en Tucumán. Ella se fue a vivir allí cuando quedó viuda y con cuatro hijas. A los cincuenta años, se construyó una casa -literalmente- en medio de las montañas. Había algo de ese micromundo de mujeres que me interesaba mucho. Está en los Valles Calchaquíes, frente a Tafí del Valle, un lugar verdaderamente hermoso, donde fui de vacaciones toda mi vida, en verano, en Pascuas, como se va a Mar de Plata, a Santa Teresita o a Córdoba. Entonces la pensé y la hice en un lugar bien conocido, del que puedo hablar, porque viví su clima, sus personajes. Es una cuestión de referencia, un lugar que conozco muy bien. De chiquita jugaba en el río, después, de adolescente iba a bailar al boliche donde filmamos. Ahora voy con mi hijo, y vuelve a pasar lo mismo, como si mi propia vida volviera hacia atrás. En otras partes del mundo, nos comentaban que cuando salían de ver la película pensaban en sus propios pueblitos. Estuve con la peli en un festival de Alemania y había gente de un pueblo, en la Bavaria, que al terminar la función me dijo: “Yo me siento Olga”, el personaje de la película. “Pinta tu aldea y pintarás el mundo” dijo TOLSTOI. En el Norte dicen que si andás mal de amores, un té de Muña puede curarlo todo. También puede ser afrodisíaco, por eso lo llaman el “yuyito del amor”. Así, con AGUSTÍN TOSCANO, que es de Tucumán, apareció el título de la película.

PAULA MOREL KRISTOF durante el rodaje.

Tal vez tu primera película como directora, ¿la llevabas con vos desde hace mucho?

Creo que sí, nace principalmente de una búsqueda por encontrar mi lugar dentro del cine, me di cuenta que quería trabajar en algo que me apasione: seguir mi deseo. Pero este propósito conlleva grandes dificultades. La primera es que el deseo no es tan fácil de descifrar; es esquivo y difuso. Es el motor inagotable que me llevó a escribir en un taller de dramaturgia con JAVIER DAULTE, quería escribir cine y hacer mi primera película. Cuando me senté a escribir, lo primero que me vino a la cabeza fue El Mollar. Antes de comenzar a escribir el guion, con la tutoría de CELINA MURGA durante la pandemia,  después con AGUSTÍN TOSCANO  y  en el Taller con Perspectiva de Género DAC, lo primero que me vino a la cabeza fue la locación, dónde sucedía, en qué lugar iba a situar a mis personajes. A mí me interesa el amor como tema, siempre me convoca. Dije: “Bueno, ¿dónde voy a situar esta historia sobre el deseo a los sesenta, las relaciones familiares y comunitarias?”. Todo depende de quiénes sean los personajes, las cosas que les pasan y dónde suceden. En un pueblo de montaña transcurre toda su vida, eso ya condiciona a los personajes. De alguna manera, es lo que también determina lo que sucedió y está sucediendo con la peli, que incluso supera las expectativas, porque se hizo en forma independiente, con amigos, con profesionales, pero todo a pulmón, muy artesanalmente.

Sin duda, MUÑA MUÑA es una película de amor pero también es muy femenina, sobre una mujer de determinada edad. ¿Cómo la describirías para quienes no la vieron?

Como un recorte en la vida de una mujer de sesenta años, que es madre soltera, trabaja de enfermera y que cuando se está quedando con el nido vacío, porque su hijo planea irse a Europa a probar suerte, se enamora de un francés que está viviendo en los valles y se reencuentra con ella misma, recupera su erotismo y sus ganas de decidir sobre su propia vida. En las relaciones de amor, siempre encontrarnos con un otro es encontrarnos con nosotros o nosotras mismas. Ese es el recorte en estos días de la vida de Olga, interpretada por LILIANA JUÁREZ, los primeros días del enamoramiento en los que se plantea su propio deseo. La historia no solo habla del amor romántico, habla del amor entre una madre y un hijo, también de un personaje que tiene que pagar sus cuentas y llegar a fin de mes. Eso interfiere en el amor y en dejar volar a ese hijo. El otro día, alguien me decía que quizás no hay películas que reflejen la vida de personas que salen todos los días a trabajar. Me parece que en MUÑA MUÑA cada uno puede verse reflejado en algún personaje.

Dicen que la muña, el ‘yuyito del amor’, puede curar todo.

Mencionaste a LILIANA JUÁREZ…

Su actuación fue muy importante para la película, sin ella no hubiera sido lo mismo. Cuando la convoqué, le dije: “Esta película va a ser vos”, porque es una película de personajes, donde ella está en primera persona todo el tiempo, el punto de vista de la historia es a partir del de ella. Un personaje que, con pequeños movimientos, se va abriendo, floreciendo, casi como la vegetación y las flores de su lugar. Siempre quise hacer una película en ese pueblo; así nació esta historia, entre imágenes y recuerdos, entre fantasías y deseos, entre escritura y reescritura. Ese valle verde, en medio de la aridez, ese microclima que me vio cada verano, es donde vivió la mujer que siempre voy a admirar, por su dulzura, pero sobre todo por su tenacidad: mi abuela. Ella me ofreció esa atmósfera, su lugar en el mundo, que es el escenario de la película.

¿Sentís que la película te abre una realidad distinta?

Quedar en San Sebastián fue algo de realismo mágico, la película quedó seleccionada entre ciento ochenta y pico películas. Uno de esos momentos de la vida donde se abre el cielo, la puerta que te lleva a un camino impensado, donde el cine cobra vida y te resignifica. En algún momento pensaba en irme a vivir a otro lado, pero mi cine es argentino, las historias que me vienen son argentinas, es nuestra cultura en nuestros lugares. Me parece que los argentinos tenemos recursos técnicos, paisajes, actores, hay muchas cosas para reflejar de nosotros, de nuestra cultura. Así, en momentos donde uno no ve ni encuentra mucha esperanza, quizás pueda ir a buscarla a una sala de cine.

La vida de Olga, el personaje central, vuelve a abrirse como una flor.

Fuente: Contacto digital / Página 12