
La anécdota que llevó al cine a AMADORI fue contada en reiteradas ocasiones, pero es difícil resistir la tentación de citar a MIRTHA LEGRAND y su frase “el público se renueva” en una nota sobre el hombre que la dirigió en cinco películas. Era 1934 y la ópera prima de MARIO SOFFICI, EL ALMA DEL BANDONEÓN (1935), se encontraba en etapa de rodaje. Argentina Sono Film contaba con la exclusividad del tango Cambalache, compuesto especialmente para la película por ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO. AMADORI, que había colaborado con las letras de algunos de los tangos del film, apremiado por la obligación de estrenar una revista teatral contrarreloj, decidió incluir este tango en la obra.
La noche del estreno, SOFÍA BOZÁN debía interpretar Cambalache en el Teatro Maipo, cuando ÁNGEL MENTASTI, fundador de Argentina Sono Film y dueño de los derechos del tango, se presenta en el teatro con un escribano, dispuesto a prohibir la función. AMADORI, con la excusa de discutir el tema, entabla una conversación para distraerlo mientras, en la sala, el estreno se lleva a cabo. Buscando extender la charla, AMADORI le improvisa una idea para una película con PEPE ARIAS, basándose en un monólogo que el actor interpretaba en una obra. MENTASTI se entusiasma con la idea y le ofrece dirigir el film. Para cuando cerraron el trato, Cambalache ya se había estrenado.
PUERTO NUEVO (1936) tuvo, en efecto, a PEPE ARIAS como protagonista en su segundo papel en cine. MENTASTI le asignó a MARIO SOFFICI como codirector. Comedia musical con dos subtramas de amor, fue un fracaso para la crítica, pero un gran éxito de taquilla. AMADORI dirigiría dos comedias más con PEPE ARIAS –EL POBRE PÉREZ (1937) y MAESTRO LEVITA (1938)– y una con LUIS SANDRINI –EL CANILLITA Y LA DAMA (1938)– antes de llegar a la primera de sus grandes obras. Los cuatro films fueron un éxito, y como sucedería a lo largo de su obra, el tango y la música popular funcionaron como un puente entre clases.

En 1938 estrena MADRESELVA, intenso melodrama con LIBERTAD LAMARQUE y HUGO DEL CARRIL, en uno de sus primeros papeles. Si bien la trama parte de una suplantación de identidad, como en las comedias de la época, el tono es amargamente dramático. En algunas ideas visuales se hace evidente la influencia de JOSÉ “EL NEGRO” FERREYRA pero la prioridad de la dirección son los actores, que se lucen dramática y musicalmente. “La obligación de un director es descubrir y reflejar la mejor personalidad del intérprete”, decía AMADORI a Mundo Argentino en 1940. “Una película de LIBERTAD LAMARQUE tiene que ser forzosamente distinta de una película de PEPE ARIAS […] Es la personalidad del intérprete la que aporta el mejor factor del éxito”, agregaba. En 1939, AMADORI repite fórmulas: una comedia con LUIS SANDRINI –PALABRA DE HONOR– y un melodrama musical con LIBERTAD LAMARQUE –CAMINITO DE GLORIA–.
Al año siguiente, AMADORI estrena una de las grandes comedias del cine argentino: HAY QUE EDUCAR A NINÍ (1940). “A él le debo –entre otras satisfacciones– haberme posibilitado abordar otro tipo de trabajo, con prescindencia de mis dos clásicos personajes”, escribió NINÍ MARSHALL, protagonista del film, en sus memorias. La idea original era, de hecho, utilizar a Catita, su personaje más popular y probablemente el más gracioso de la historia de nuestro cine; pero, por razones contractuales con Lumiton, AMADORI tuvo que renunciar a este propósito y crear un personaje nuevo, cuyos diálogos escribió la actriz. En esta película, debutaron en el cine dos mellizas llamadas SILVIA y MIRTHA LEGRAND, de trece años de edad. “Éramos extras en un colegio y NINÍ MARSHALL nos decía a Goldie y a mí: ‘Vos te quedás con vos’, señalándonos, confundida por el parecido. Eso lo agregó el director AMADORI por nuestro parecido”, recuerda MIRTHA en Twitter, ochenta y cuatro años después.

1941 fue un año prolífico para AMADORI: cinco estrenos, siempre con el sello de Argentina Sono Film. LA CANCIÓN DE LOS BARRIOS anticipó el cine social de años posteriores, con HUGO DEL CARRIL encarnando al hijo del dueño de una fábrica, que lidera una huelga contra su padre. Melodrama social con toques de comedia, el argumento desnuda las inquietudes sociales de AMADORI, algo diluidas con fines comerciales en un final conciliador e inverosímil. “Me gustan los directores que saben ponerse en contacto con el espectador de una manera efectiva. El cine es un arte, pero también es un producto comercial”, decía el realizador. El mismo año volvió a trabajar con PEPE ARIAS en NAPOLEÓN y EL HARAGÁN DE LA FAMILIA; NINÍ MARSHALL en ORQUESTA DE SEÑORITAS, una de sus comedias más eficaces; y las hermanas LEGRAND en SOÑAR NO CUESTA NADA, comedia rosa con la fórmula de la novela Príncipe y mendigo, muy exitosa ante el público familiar de clase media.
Entre 1942 y 1945, AMADORI realizó doce films, de los que destacan LA MENTIROSA (1942), comedia paródica del cine de terror con NINÍ MARSHALL; CLARO DE LUNA (1942), otra historia de amor con las mellizas LEGRAND; y CARMEN (1943), fantasía con NINÍ MARSHALL, situada en el siglo XIX en Sevilla, con la premisa de Un yanqui en la corte del rey Arturo, de MARK TWAIN en clave de comedia. La llegada del peronismo al poder en 1946, al que AMADORI adhirió públicamente, lo llevó a realizar documentales cortos de difusión institucional y a robustecer su mensaje político en la ficción.
DIOS SE LO PAGUE (1948) fue su gran obra maestra. Protagonizada por ZULLY MORENO y ARTURO DE CÓRDOVA, mezcló drama y suspenso con crítica social al contar la historia de un hombre rico que se hace pasar por mendigo. El inesperado giro en el que se descubre la identidad del personaje supuso una fuerte carga ideológica: la representación de un millonario dispuesto a ceder su fortuna implicaba, en 1948, una clara alusión a la figura del nuevo empresario, que a través de las reformas laborales debía mejorar la posición de los trabajadores. El film compitió por el Oscar y significó uno de los más grandes éxitos de la historia del cine argentino.

En ALMAFUERTE (1949), NARCISO IBÁÑEZ MENTA interpretó al poeta del mismo nombre. “Las biografías son las películas que he hecho con más gusto. Llevan al estudio y profundización de una obra, de una época, de una personalidad, de un estilo”, decía AMADORI en 1971. El film reivindica valores como la educación, el patriotismo y la solidaridad, a la vez que subraya la importancia de la presencia estatal. El censor MIGUEL PAULINO TATO impugnó la película, arguyendo que AMADORI “cometió el sacrilegio de hacerle decir a ALMAFUERTE […] unas frasecitas peronianas”.
Con LA PASIÓN DESNUDA (1953), la estrella mexicana MARÍA FÉLIX desplegó su amplio registro actoral y la mirada penetrante que la caracterizaba. Ya en su primera aparición –un plano detalle de sus ojos–, se advierte la habilidad de AMADORI para orientar la mirada del espectador y guiar el deseo. Con CAÍDOS EN EL INFIERNO (1954) aprovechó al máximo el magnetismo de LAURA HIDALGO para narrar una eficaz trama policial.
EL AMOR NUNCA MUERE (1955) atraviesa la historia argentina en tres episodios independientes, y cierra su etapa como cineasta en la Argentina. Protagonizadas por ZULLY MORENO, MIRTHA LEGRAND y TITA MERELLO, las tres historias están unidas por un solo elemento común –un medallón que pasa de mano en mano a lo largo de los años– y constituyen una verdadera obra maestra. Tras el derrocamiento de PERÓN, AMADORI fue encarcelado treinta y seis días en la Penitenciaría Nacional, mientras se investigaba su vinculación con el peronismo. Su detención pospuso la finalización del film AMOR PROHIBIDO, que no se estrenó hasta 1958.
AMADORI se exilia en España, en 1956, y realiza allí una última y fructífera etapa. Su obra española, al igual que la argentina, estuvo dirigida al gran público, con comedias y musicales protagonizados por grandes estrellas como SARA MONTIEL, ROCÍO DÚRCAL o ALBERTO CLOSAS. De sus diecisiete largometrajes españoles destacan LA VIOLETERA (1958), MI ÚLTIMO TANGO (1960) y ACOMPÁÑAME (1966).
