SERGIO PODELEY, en GATILLERO

¿Dónde fue el estreno de GATILLERO?

Antes de llegar a Buenos Aires, en el Festival Cinequest, de Silicon Valley, donde en un momento importante de la peli, una mujer se cayó de la butaca para el costado. Primer encuentro con el público, fuimos con PABLO UDENIO, productor principal y una especie de socio creativo, con el que charlamos mucho todo. Siempre digo que tenemos la película que tenemos porque lo tenemos a él y es una película en plano secuencia, con un grado de complejidad grande en algunos planos que son bastante largos y con muchos movimientos.

La cámara encuadra muy bien cuando detiene, aunque haya dado dieciocho vueltas antes, tiene una precisión muy llamativa.

Gracias. GATILLERO fue muy pensada. Fui asistente de dirección aproximadamente por quince años, dirigí segundas unidades y he dirigido completamente para varias personas. Ahora vengo de Colombia, donde estuve haciendo una serie como segundo director. Me gusta hacer cámara y GATILLERO lo exigía, igualmente, el DF, MARTÍN SAPIA, estuvo conmigo en cámara. Antes, con un celular, hicimos una buena preproducción. Una vez que tuve una primera versión del guion, fui a la Isla Maciel por unos dos meses para poner el guion en ese mapa, pensar la coreografía delante de cámara y ver donde se metía el equipo, las personas del barrio y dónde se escondían los vehículos. Si bien por cuestiones de seguridad no es un único plano, son muy pocos. Hay muchas escenas con alguien apuntando con un arma cargada con balas de fogueo al cuello o la cara de un actor o una actriz a menos de dos metros. Para controlar esa situación me vi obligado a hacer algunos cortes que igualmente son muy, muy pocos. Hubo más días de ensayo que de filmación y planos que tienen siete kilómetros de recorrido, donde, en el medio, la cámara sube a un auto, el personaje corre, la cámara da una vuelta manzana, encuentra al personaje en otro lugar sobre un techo, se mete en unas casas y lo vuelve a correr.

CRIS TAPIA MARCHIORI junto al póster de LA NOCHE MÁS FRÍA, su primer largo

¿La narrativa del plano secuencia potencia toda esa aceleración de la historia?

Sí, es la peli de un sicario al que le ofrecen un trabajo en el corazón de una villa. Ese trabajo es una trampa y, a partir de ese momento, todos los soldados del barrio lo van a salir a cazar. Debe tratar de escapar antes de que amanezca. El contexto agrega una capa más de complicaciones, porque los vecinos del barrio se están armando para aprovechar el momento y echar a los narcos de la villa.

Antes de que amanezca, ¿o sea que tuvieron que filmar todo de noche?

Sí, en exteriores y sin cobertura. Le pedí a jefes y jefas de área que tratáramos de prohibir, en el rodaje, las palabras “peligroso” e “imposible”. Trabajamos meses para poder coordinar todo ese circo.

MAITE LANATA 

¿Tu experiencia como asistente de dirección te ayudó a resolverlo?

Yo tuve un gran padre profesional, ALDO ROMERO. Lo conocí en una película de SABRINA FARJI, que hoy es parte de mi familia y de mi corazón, a la que vine a trabajar por dos días. Yo vivía en Pergamino y quería hacer cine, pero no tenía plata para estudiar. Comencé a estudiar guion aquí en Capital, cursaba una vez por semana y viajaba a dedo los días que cursaba. No comía, porque no tenía plata. SABRINA me ofreció ser meritorio dos días en EVA Y LOLA. Algo, adentro mío, propone “llevate ropa porque te vas a quedar más tiempo”, y el set lo entendía, sin saber lo que era. ALDO ROMERO, asistente de dirección de los grandes, me dice: “Quiero hablar con vos”, y yo le respondo: “Me voy a quedar toda la película”. Él me pregunta: “¿Cómo sabés que era para eso?”. “Porque trabajé muy bien”, contesté. En esa época daban la citación en un papel, ubicando la locación, agarraba la Guía T e iba caminando. En una estación de servicio, me pegaba una buena ducha a la noche y dormía en alguna veredita a cuatro o cinco cuadras del set del otro día. Llegaba fresco, sin que nadie supiera que había dormido en la calle. A la hora de las comidas me iba, porque pensaba que el catering te lo cobraban. Cuando ALDO lo supo, me abrazó y me dijo: “Te voy a convertir en un buen asistente de dirección”, y lo hizo. Me enseñó muy bien el oficio.

¿De dónde sacabas esa determinación que tenías para saber que ese iba a hacer tu trabajo?

Siempre supe que había venido a este planeta a contar historias, de chiquito jugaba a que era escritor. La situación, la lejanía, la economía… no permitían poder hacerlo. La primera vez que pisé un set fue como doble de riesgo, veía un mundo de gente, todos estaban corriendo, llegué y me dije “yo pertenezco a este lugar”. Después, claro, como doble me encantaba, pero quería narrar, sabía que tenía y tengo algo para decir, que no iba a poder desarrollar si era doble de riesgo y tampoco me gusta tanto actuar, entonces me fui para el lado de la dirección, no sé el momento puntual donde entendí que iba a poder ser director. Hoy tengo certezas, lo soy, hice pelis, alguna serie como segundo director. Supongamos que mañana puedo dejar de serlo, pero es un hecho que voy a volver a intentarlo.

En GATILLERO, la acción nunca se interrumpe

¿Cómo juega la locación en GATILLERO, el barrio? Los vecinos quieren vivir tranquilos, pero tienen el barrio tomado por el poder narco.

Me interesaba mucho cómo aparecen esas figuras del barrio que son importantes para todos, no solamente para el que tiene más o menos códigos, como puede ser una persona que está en un comedor, el ecosistema del barrio, que no sea solamente una dinámica entre este grupo o este personaje contra estos otros y nada más, sino cómo los vecinos se organizan. Las películas de plano secuencia siguen siempre al protagonista, como un único punto de vista. Acá, en el barrio, hay varios partidos que se están jugando a la vez. He ido a colaborar a merenderos, he estado muy vinculado un montón de barrios en Pergamino y aquí. Conozco a esos personajes porque he transitado mucho esas calles, entonces sería injusto no incluirlos. SUSANA VARELA hace de mujer del merendero, que vuelca esa mirada de madre y dice: “A este merendero viene hasta el Intendente a sacarse fotos”, ella tranza con todos, lo tiene que hacer para conseguir la comida, porque hay que llenar los platos y las tazas con las que se les da almuerzo y merienda a los chicos. O sea, hay que ir y pedirle el bolso al Intendente. Todos están en un fragmento. Después, la peli corre como una serpiente hacia otro. Sé lo que sucede en los barrios, algunas cosas no las pude poner.

¿Cómo fue esa búsqueda del lugar específico?

Soy muy intuitivo y entiendo cuando tengo que hacerle caso a una voz interior que me dice que algo está bien. Habíamos visto otro lugar, una gente muy hermosa que nos abría las puertas con mucho cariño, pero había algunas cuestiones de geografía que no daban para la película que sucede en un barrio. Claro, pensamos que iba a ser muy difícil encontrarlo. En nuestro calendario le habíamos dedicado a la búsqueda como tres semanas y nos decidimos por el segundo lugar, al que fuimos de la mano de nuestro director de producción, el DANI y conocimos a CACHITO, nuestro contacto en el barrio. Caminamos un poco, recorrimos el lugar. Yo ya conocía Isla Maciel, porque había ido, no a filmar, pero sí por otras cosas. Tomamos unos mates y entendí lo más importante, CACHITO y el barrio nos iban a poder brindar tanto respeto y cariño como nosotros a ellos, porque tenían eso que la película necesitaba, convertirse en un set.

CRIS TAPIA MARCHIORI definió a HEAT, de MICHAEL MANN, como su película preferida; a UN GALLO PARA ESCULAPIO, de BRUNO STAGNARO, como serie admirada y a CLINT EASTWOOD como su gran referente en la dirección.

Fuente: Entrevistas con Victoria Duclós Sibuet y Nancy Jaimez en “Clase V”, Punto Cero Radio y Néstor Suárez, La Opinón online de Pergamino.

Una historia en plano secuencia y exteriores antes del amanecer