
El origen etimológico de la palabra kaiju parte de los kanjis 怪 (kai, extraño o misterioso) y 獣 (jū, bestia o animal salvaje). El término aparece en textos antiguos japoneses y chinos para referirse a criaturas mitológicas o a fenómenos sobrenaturales, pero no necesariamente a monstruos gigantes. La palabra eiga (映画) significa “cine”. El kaiju eiga es un subgénero del tokusatsu, palabra utilizada para definir películas de acción real con efectos especiales.
El primer kaiju eiga de la historia del cine es, sin duda, GOJIRA (ISHIRÔ HONDA, 1954), romanizado Godzilla. Sus responsables directos son el prolífico realizador ISHIRÔ HONDA y el artista de efectos especiales EIJI TSUBURAYA. Al igual que su archienemigo KING KONG (MERIAN C. COOPER, ERNEST B. SCHOEDSACK, 1933), GOJIRA fue el mayor representante en su país de la técnica “suitmation”, consistente en caracterizar a un monstruo poniéndole un disfraz a un actor y colocándole ciudades en miniatura alrededor. La película fue un enorme éxito de taquilla y dio gran visibilidad a su realizador y a Tōhō, productora también responsable de obras fundamentales de la historia del cine mundial, como IKIRU (AKIRA KUROSAWA, 1952) o LOS SIETE SAMURÁIS (AKIRA KUROSAWA, 1954).

Como suele suceder con la ciencia ficción y el terror, el momento histórico y los fantasmas colectivos de una sociedad determinan la producción cultural. Si hacia 1954 una buena parte de la población japonesa aún sufría horribles enfermedades y muertes provocadas por la radiación de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, la aparición de un dinosaurio radiactivo gigante que emerge del mar y destruye la ciudad deviene en la encarnación perfecta de ese trauma nacional. Basta una rápida comparación entre HIROSHIMA (KANETO SHINDŌ, 1953) o LLUVIA NEGRA (SHŌHEI IMAMURA, 1989) –films que ahondan en las consecuencias de la bomba de Hiroshima– y GOJIRA para notar la similitud entre la tragedia ficticia y la histórica. Gojira ha protagonizado 33 películas japonesas desde su aparición en 1954 hasta la brillante GOJIRA -1.0 (TAKASHI YAMAZAKI, 2023). El éxito del film trajo inmediatamente la secuela GOJIRA NO GYAKUSHÛ –conocida en la Argentina como El monstruo de fuego– (MOTOYOSHI ODA, ISHIRÔ HONDA, 1955), donde un segundo Gojira batallará a muerte con Anguirus, un anquilosaurio, aterrorizando a la ciudad de Osaka.
En 1956, los cines japoneses proyectan por primera vez un monstruo en color. RODAN (ISHIRÔ HONDA, 1956) es un pteranodonte color marrón que emerge de las profundidades de la tierra y sobrevuela la isla de Kyushu, resistido por las Fuerzas de Autodefensa de Japón –el ejército establecido en Japón tras los cuatro años de ocupación estadounidense al fin de la Segunda Guerra Mundial–. Los desastres perpetrados por Rodan no difieren demasiado de los de los bombarderos que habían sobrevolado ciudades japonesas tan solo quince años atrás.
VARAN (ISHIRÔ HONDA, MOTOYOSHI ODA, 1958) se pareció bastante a Gojira, en tanto reptil acuático con espinas en la espalda –hechas con cáscaras de maní prensadas–, pero era capaz de planear. Pensada originalmente para televisión, fue rodada en blanco y negro, y cuenta la historia de unos científicos que, desoyendo las advertencias de los nativos, rastrean un valle en busca de una nueva especie de mariposa, hasta despertar la ira destructiva de Varan. Es el más modesto de los kaiju eiga en términos de producción, y tal vez el menos logrado.

Con MOTHRA (ISHIRÔ HONDA, 1961) volvió el Eastmancolor al género. Una nueva expedición científica a unas montañas volcánicas descubre a Mothra, una suerte de oruga gigante que eventualmente se convertirá en polilla. El monstruo consistió en un animatrónico color violeta, con ruedas ocultas y manejado a control remoto en su fase larval, para convertirse en su fase adulta en una marioneta de varios colores –predominantemente naranja–, cuyas alas se movían a través de cables. Con un tono fantástico levemente diferente del resto de los kaiju eiga, que incluyó dos pequeñas hadas interpretadas por The Peanuts, un famoso dúo musical de hermanas gemelas, MOTHRA significó un enorme éxito comercial.
En 1962 sucede un hito sin precedentes en la historia del kaiju eiga: los monstruos más emblemáticos de dos potencias mundiales se enfrentan en una batalla a todo o nada. KING KONG VS. GOJIRA (ISHIRÔ HONDA, NORMAN TOKAR, 1962) cuenta cómo una empresa farmacéutica japonesa decide capturar –y a la vez esponsorear– a King Kong. Para ello, envía una expedición a Oceanía, donde logran apresar al animal, al que finalmente izan montaña arriba atado a unos globos de helio para que libre una batalla contra Gojira. Con alguna referencia al film de 1933, el guion abunda en escenas cómicas de relleno, pero no escatima en efectos especiales ni en maquetas destruidas a pisadas. Es llamativo que un film japonés se haya permitido mostrar a su máximo exponente derrotado frente a un gorila salido del Hollywood clásico.
El siguiente debut será el de GHIDORAH, MONSTRUO DE TRES CABEZAS (San Daikaijû Chikyû Saidai no Kessen, ISHIRÔ HONDA, 1964), un dragón dorado extraterrestre de tres cabezas, cuya creación implicó el trabajo conjunto de varios titiriteros para mover las cabezas y, como siempre, de un actor enfundado en un complejo traje. Ghidorah debe enfrentarse solo a Mothra, Rodan y Gojira juntos, unidos para salvar al planeta. Este film será el último en el que participe el dúo The Peanuts. La película, francamente imperdible, es conocida por iniciar un gradual cambio de bando del personaje de Gojira, que abandona su origen villano para alinearse con la humanidad.

1965 nos trae un nuevo duelo internacional: FRANKENSTEIN VS. BARAGON (ISHIRÔ HONDA). Secuela de THE HUMAN VAPOR (ISHIRÔ HONDA, 1960, que no tenía monstruos), cuenta cómo un científico revive al monstruo de Frankenstein para que enfrente a un triceratops mutante subterráneo que amenaza la ciudad.
En 1966 debuta en la pantalla grande EBIRAH (JUN FUKUDA, 1966), el primer film de la saga no dirigido por ISHIRÔ HONDA. Ebirah es una langosta roja gigante cuyo superpoder más notorio es tomar objetos con sus pinzas. El film fue el primero de la saga desde GOJIRA en incluir escenas subacuáticas y cuenta con la participación de Gojira y Mothra.
Al año siguiente, JUN FUKUDA dirige EL HIJO DE GOJIRA (Kaijū-tō no Kessen: Gojira no Musuko, 1967). El hijo en cuestión es Minilla, una versión más pequeña de Gojira color verde grisáceo, con rasgos más humanos. Aparecen también las Kamacuras –mantis religiosas mutantes violáceas– y Kumonga –un arácnido gigante negro y amarillo–. El mismo año se estrena KING KONG ESCAPES (ISHIRÔ HONDA, 1967), que narra la batalla entre el famoso gorila y Mechani-Kong, una versión robot de sí mismo.

Los historiadores coinciden en que la edad de oro del cine de kaijus finaliza con DESTROY ALL MONSTERS (ISHIRÔ HONDA, JUN FUKUDA, 1968), que fue el último film en contar con los cuatro fundadores del género: ISHIRÔ HONDA (director), TOMOYUKI TANAKA (productor), AKIRA IFUKUBE (compositor) y EIJI TSUBURAYA (artista de efectos especiales, aunque aquí solo participó como asesor). Además de Gojira, Anguirus, Mothra, Rodan, Varan, King Ghidorah, Ebirah, Baragon, Minilla, Kumonga y las Kamacuras, el film cuenta con la participación de los debutantes Manda –mezcla de serpiente y dragón chino color verde– y Gorosaurus –un tiranosaurio que ya había aparecido en KING KONG ESCAPES de manera anónima–. El film está situado en un futuro 1999, en el que la humanidad ha alcanzado la paz mundial y todos los monstruos del planeta han sido confinados a una isla en Ogasawara. Pero un día, los Kilaaks –raza extraterrestre que controla a los monstruos por telekinesis– dirigen un ataque coordinado en distintas partes del mundo, con el objetivo de desviar la atención para instalar una base subterránea. Así, Gojira ataca Nueva York, Rodan hace lo propio con Moscú, Mothra invade Pekín, Gorosaurus destruye la ciudad de París y Manda invade Londres.
La edad de oro del kaiju eiga dejó una marca indeleble en el cine popular japonés y creó una cultura que se mantiene vigente hasta hoy.