El Cine Teatro York lleva el cine a Olivos desde 1904.

La cinefilia y los espectadores del cine nacional sobreviven, aunque para sus detractores esa actividad parezca ridícula, innecesaria o subversiva. Hay, mayormente en la ciudad de Buenos Aires, pero también en otras partes del país, un circuito de salas de exhibición que aún permiten que un número incierto -pero no menor- de cinéfilos y personas ávidas de cultura puedan ir al cine.

Durante décadas, Buenos Aires supo tener un circuito de exhibición enorme. La foto de una Lavalle atestada de gente que entraba y salía de los cines en la hora pico de cualquier fin de semana ya no es posible. Distintos comercios han reemplazado a las pantallas, pero desparramada por la ciudad, la oferta de películas y de salas sigue siendo muy superior a la de prácticamente cualquier parte del mundo.

Frente al Congreso, el Cine Gaumont, fundado en 1914 y reconfigurado en 2003 como espacio INCAA, se abocó desde entonces con exclusividad al cine nacional hasta que la actual gestión incorporó a su programación estrenos extranjeros. Es también sede ocasional de festivales como el Bafici o el DocBsAs, y mantiene una buena afluencia de público en sus tres salas, de 600, 253 y 300 butacas, respectivamente. Abierto de lunes a lunes, con proyecciones durante todo el día, conserva un proyector en fílmico que se utiliza en funciones especiales, habitualmente de películas clásicas que celebran algún aniversario del estreno. Pese a una amenaza de cierre y venta en 2024, sigue siendo la casa del cine nacional.

EL PRÍNCIPE DE NANAWA (CLARISA NAVAS, 2025).

La calle Corrientes aún ostenta tres salas que sobrevivieron a los cambios de época. La Sala Leopoldo Lugones, ubicada en el piso 10 del Teatro San Martín, es quizá el bastión cinéfilo por excelencia, con una programación concentrada sobre todo en retrospectivas. Funciona desde 1967, con capacidad para 233 espectadores. A una cuadra, e inaugurado el mismo año, el Cine Lorca cuenta con dos salas y una programación diaria de entre cinco y siete películas de la cartelera alternativa contemporánea. El tercer caso es el del cine más antiguo de la ciudad. Nació en 1929 con el nombre de Cine Cataluña. Fue renombrado Cine Cosmos en la década del 70, cuando era el reducto del cine de la vanguardia soviética. La Universidad de Buenos Aires lo compró y reabrió en 2010. Desde entonces es la sala de cine con la entrada más accesible y exhibe en sus dos salas películas de la cartelera alternativa actual.

A metros del obelisco, el Cine Arte Cacodelphia ofrece un promedio de quince películas simultáneas en las distintas salas de sus subsuelos, con estrenos y reestrenos alternativos a la cartelera comercial. También son varios los teatros independientes que han comenzado a incorporar exhibiciones regulares ya permanentes de cine argentino en su programación habitual, aprovechando que su propio público aprecia todas las artes con acento no comercial. Así, en Almagro, microcentro y San Telmo funcionan: la sala Avalon del complejo teatral Itaca, en Humahuaca 4027; La Terraza del Arthaus, en Bartolomé Mitre 434; y los miércoles de cine, en La Carbonera, Carlos Calvo 299. Sin olvidar las frecuentes proyecciones del Teatro 25 de Mayo, en avenida Triunvirato 4444, de Villa Urquiza.

La sala del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) tiene 224 butacas y funciona desde 2002, dirigida por el historiador FERNANDO MARTÍN PEÑA. Los muy diversos ciclos constituyen retrospectivas seleccionadas con un criterio curatorial difícil de encontrar en otra parte del mundo. Las películas se pasan en fílmico, a excepción de los estrenos nacionales, cuya novedosa modalidad les permite una mejor visibilidad: se pasan en una sola función semanal a lo largo de meses, a veces años, y siempre a sala llena. Peña es también responsable del ciclo Peña sin cadenas, en la sala Hasta Trilce, que desde 2019 proyecta dos películas en fílmico todos los martes sin anunciar nunca de qué film se trata.

Museo del Cine Pablo C. Ducrós Hicken.

El Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken fue fundado en 1971 por JORGE MIGUEL COUSELO. Dirigido por PAULA FÉLIX DIDIER y dependiente del Gobierno de la Ciudad, se aboca a la preservación, investigación y difusión del cine nacional. La institución cumple, con sus limitaciones presupuestarias, una función que debería corresponder a una cinemateca nacional. El museo exhibe películas clásicas argentinas en fílmico los fines de semana y ocasionales retrospectivas de directores actuales. Por su parte, el Centro Cultural Kirchner mantiene una programación esporádica y no muy abundante, pero sumamente diversa, donde conviven películas de todas las épocas y latitudes. A pesar de sucesivas amenazas de privatización de parte de miembros del Gobierno, el centro cultural más grande de Latinoamérica continúa siendo de entrada gratuita, y así lo son las funciones de sus dos salas de cine en el sexto piso.

Más cerca del circuito académico y cultural, existen espacios que funcionan como nodos intermitentes: no tienen cartelera continua, pero sí ciclos, son sedes habituales de festivales y organizan muestras que amplían la oferta porteña. El Centro Cultural San Martín, inaugurado en 1970, cuenta con varias salas de cine en sus subsuelos. La Alianza Francesa de Buenos Aires fue fundada en 1893, antes del nacimiento del cine, y programa ciclos de películas francófonas con entrada libre y gratuita. El Cine Oriente de Planta Incán funciona en un espacio independiente en Parque Patricios, pensado como referencia cultural barrial, con una programación variada que incluye cine nacional actual, documentales sobre Palestina, clásicos de género de Hollywood y cine latinoamericano contemporáneo. El Cine Club Lucero es un cine-bar de Palermo que organiza maratones y funciones de películas muy diversas casi todos los días, con experiencias diferentes, como proyectar al aire libre, con auriculares inalámbricos o funciones pet friendly. La inauguración de la Sala Lúcida en marzo de este año, en el barrio de Saavedra, implica la esperada vuelta del cine a la Avenida Cabildo.

METROPOLIS (FRITZ LANG, 1927) se mantuvo un año en la cartelera del MALBA tras el hallazgo de una copia completa en el Museo del Cine.

La zona norte del Gran Buenos Aires cuenta con dos salas fundamentales, ambas con entrada libre y gratuita, que son el Centro Cultural Munro y el Cine York. Ambas funcionan también como salas teatrales y de conciertos, pero tienen una programación de cine durante todo el año, que suele incluir películas en fílmico. Las salas dependen del proyecto Lumiton y suelen programar funciones especiales de películas clásicas de esa productora. El edificio en el que funciona el York es el mismo donde se fundó en 1904 la Sociedad Cosmopolita de Socorros Mutuos de Olivos, que también organizaba proyecciones, por lo que lleva 122 años exhibiendo cine.

Lejos de Buenos Aires, el Cineclub Municipal Hugo del Carril es el orgullo de la cinefilia cordobesa. Con entradas accesibles, una revista propia y una programación variada y cuidadosamente curada, el Hugo del Carril mantiene la lógica de cineclub, con socios y abonos, prácticamente desaparecida en tiempos de plataformas digitales, además de contar con una biblioteca, seminarios, talleres y otras actividades. A su vez, el Cineclub Dynamo, en Mar del Plata, programa películas de todo tipo, siempre en fílmico, además de talleres de formación y funciones de cine mudo con música en vivo.

El rasgo común de estos espacios, además de la programación, es su funcionamiento. A diferencia del cine comercial, en estas salas las funciones no se acumulan, sino que suceden, tienen vida propia. Un ciclo, una copia única en 35 mm, una charla con un director tras la proyección, una retrospectiva irrepetible. Y, contra la creencia general, son las salas más concurridas. Si bien tienen un público más especializado, interesado en directores o movimientos artísticos, todo indica que son los espacios y los públicos que mantienen vivo al séptimo arte. Por el contrario, la lógica de las grandes cadenas pierde espacio a pasos agigantados, en su obstinación por mantener a su público con -por ejemplo- películas dobladas o eternas secuelas de la misma fórmula comercial, mientras este, por economía, comodidad y variedad, prefiere quedarse en casa y ver una serie.

Cineclub Municipal Hugo del Carril, Córdoba.