Agosto 2025, CECILIA KANG Premio Mejor Directora Emergente Locarno.

Contame sobre este salto a la ficción…

Fue un salto al vacío, pero fue un proceso muy divertido. Creo que lo más complejo para mí fue toda la cuestión que tiene que ver con la proyección de la ficción, trabajar con una estructura más grande y que esta estructura necesite más recursos. Estaba acostumbrada a trabajar en mis películas previas con cinco personas y acá, en el rodaje, éramos un equipo de cuarenta. Fue difícil tener que hacer una búsqueda de financiamiento para una película con esas características. Fue un trabajo muy arduo: la búsqueda de fondos, fondos internacionales, ver qué otras productoras internacionales querían colaborar con la película. Se fueron generando esos nuevos vínculos más complejos y, bueno, fue un gran aprendizaje. En lo personal, fue un trabajo muy duro. La ficción fue la que me dio la posibilidad de poder contar esta historia que es tan personal.

¿Siempre estuvo pensado como ficción o era un proyecto documental que se transformó?

No, siempre fue pensado como una ficción. Estaba haciendo algunos ejercicios –estoy hablando de hace muchos años atrás–, estaba escribiendo unos cortometrajes y me di cuenta de que tenía tres cortos escritos pero que, en realidad, hablaban de una misma historia. Eso fue un poco lo que me llevó a pensar y a encarar esto como un largometraje. Poder contar la historia de mi familia era importante para mí en lo personal pero en realidad, después en el proceso, lo que me interesaba más era poder contar acerca de lo que sentía, que no solo me hablaba a mí, sino que quizá les hablara a muchas otras personas: qué es ser de una familia migrante, qué significa ser hija de migrantes, cómo son estas experiencias. Creo que esto de trabajarlo a partir de mi propia familia fue un ejercicio para poder pensarlo un poco más universal. En ese sentido, siempre digo lo mismo, nunca tuve interés de hacer una película sobre mi familia, no creo que esta película sea autobiográfica.

Pero ¿te basaste en hechos reales?

Obviamente, está basado en recuerdos de mis padres, de mi hermana, pero es como un juego, una especie de rompecabezas que estoy armando con ese pedazo de memoria para contar este cuento que le habla a la mayor cantidad de personas posible.

HIJO MAYOR se filmó en varias locaciones de Argentina.

Contame un poco cómo fue la selección del casting.

El proceso de casting para esta película fue bastante especial porque el reto era que yo quería trabajar con gente de la comunidad coreana, personas que quisieran actuar, pero para mí lo más importante era también que fueran personas que pudieran entender a través de sus cuerpos lo que es la experiencia de ser migrante. Por eso fue un proceso bastante complejo, porque la mayoría de los personajes que vemos en la película no son actores. El casting lo hicimos junto con LUCÍA BENAVENTE y MATEO MILIONE, de @nacarcasting, que habían sido alumnos míos en la ENERC, y son dos chicos muy talentosos e ingeniosos, dispuestos a la hora de emprender esta búsqueda. ¿Cómo se hace hoy un casting de esta naturaleza? ¿Qué formas podemos encontrar para ir al encuentro de estas personas?

¿Hubo ensayos?

En realidad, no tuvimos mucho tiempo. Filmamos en noviembre de 2024, pero antes de eso la película se pospuso varias veces por todos los quilombos del INCAA. Veníamos muy complicados y, cuando finalmente decidimos salir a filmar, tuvimos un mes y medio de pre para encontrarme con ellos, charlar sobre el guion… Ensayamos determinadas escenas, por cosas más específicas, como la escena de la pelea, pero lo que tenía a favor también era que, si tenían experiencia en las vivencias de los personajes y si bien jugaron a hacer ficción, al mismo tiempo pudieron exhumar algo, exorcizar algo propio.

¿La filmaron toda acá o también en Paraguay?

No, Paraguay es una construcción idealizada, la película fue filmada acá: en Buenos Aires, en Capital –filmamos en Once, Constitución, Floresta, Liniers– y también en Victoria, Entre Ríos. La primera historia, la de pesca, la del personaje de Lila, la filmamos en un pueblo que se llama General Lavalle, que queda ahí, muy cerquita de la costa. Es un pueblo que se caracteriza porque van muchos coreanos a pescar y hay cuarenta familias coreanas que viven ahí, porque hay algo en la geografía del lugar que les hace recordar, en palabras de ellos, a Corea.

ANITA QUEEN interpreta a Lila.

¿La película tiene previsto su estreno en Corea?

Esperemos que algún día se estrene allí, todavía no tenemos nada definido, pero nos encantaría. Es complejo, porque Corea del Sur tiene una industria cinematográfica y un público determinado. No es tan sencillo pero, en realidad, lo que estoy esperando es una oportunidad, porque siento que a la gente en Corea del Sur le puede llegar a pegar la película.

Capaz que no toca los temas mainstream que difunde el cine coreano actual…

Es lo que más me interesa también, la película habla de tópicos sensibles, que no son los tópicos hegemónicos y son dolorosos: abandonar algo que uno ama, las cosas que uno pierde y los sacrificios que se hacen a la hora de emigrar y habla también de una Corea que es muy diferente a la Corea de hoy. Es una porción del pasado y es dolorosa.

¿Siempre estuvo pensado que en el último tramo apareciera tu papá, tu mamá, tu casa, vos misma como espejo de la ficción?

Desde la primera versión del guion. De hecho, cuando decidí que fuera un largo tomé coraje y lo primero que decidí, tipo modo de investigación, fue hacer la entrevista a mi viejo: lo senté con los álbumes de fotos viejas y le pedí que me contara desde el inicio cómo había sido su historia. Después esta escena fue, un poco, la que me ayudó a avanzar. En 2024, ya estaba muy desganada de tanta espera y de tanta incertidumbre, porque no sabíamos si íbamos a poder filmar la película o no, eran muchos años de trabajo que quizás se tiraban a la basura. Estaba muy desmotivada y deprimida hasta que JUAN PABLO MILLER, mi productor, y VICKY PEREDA, mi directora de fotografía, me dijeron: ¿por qué no empezamos con algo más sencillo, por qué no filmamos a tus viejos? Y fue a partir de las palabras de aliento de estas dos personas, que fueron vitales en este proyecto, lo que me incentivó a repensar el epílogo, y en vez de usar ese material de archivo que ya tenía, volví a entrevistar a mi viejo. Al ser lo primero que filmamos, fue lo que me ayudó a marcar el tono de la película, me ayudó a cerrar y a comprender, a estar en paz con un montón de elementos del proceso.

¿La película tuvo acompañamiento de parte del INCAA en su virtuoso recorrido internacional?

No, no hubo acompañamiento, ni siquiera para el estreno mundial, que fue en el Festival de Locarno. Hace poquito estuve presentando la película en el Festival de Toulouse y tuvimos apoyo, pero no por el estreno en sí, sino porque también participaba en el foro de desarrollo con otra película, entonces pudimos aprovechar y pedir, en medio, pasaje… así que fue bastante complicado, porque Locarno, San Sebastián, festivales donde estuvo la película, son festivales muy importantes y uno tiene que estar presente ahí, porque uno representa a su país también.

La historia de una familia coreana en Argentina.

Estás con muchos proyectos, ¿no?

Sí, es la única manera que tenemos para estar, para resistir. El presente es tan oscuro en todos los sentidos que creo que, como realizadora, como directora, lo único que puedo hacer es, al menos, no quedarme de brazos cruzados y seguir haciendo películas que puedan dialogar con el público, que puedan visibilizar cosas que quizás ahora se quieran justamente ocultar con más fuerza que en otros momentos. Para mí es importante estrenar una película como HIJO MAYOR cuando están sucediendo –no solo en nuestro país, sino en todas partes del mundo– tantas cosas horrorosas en relación con las comunidades migrantes y las políticas migratorias. Como realizadora, mi forma de militar es esta: llevar las películas que hago a la gente y, a partir de eso, poder generar diálogos, recepciones, dar otras realidades. Para mí, eso es lo importante.

Por JULIETA BILIK