
El reciente fallecimiento de FREDERICK WISEMAN a los 96 años, el pasado 16 de febrero, recordó a la comunidad cinéfila la importancia cabal que tuvo para la historia del cine, y de la cultura toda, una obra tan prolífica y coherente. Nacido en Boston, el primer día de 1930, dirigió su primera película de manera algo tardía, a los 37 años, luego de estudiar Derecho y trabajar algunos años como abogado y profesor universitario.
A menudo, WISEMAN es identificado como un representante de la modalidad de observación del cine documental, sinónimo de cinéma vérité o cine directo, dependiendo del teórico que lo cite. Esta categoría hace hincapié en la no intervención del realizador sobre los hechos filmados: voces en off, entrevistas, reconstrucciones, música ajena a la escena, intertítulos o sonidos extradiegéticos quedan afuera en este tipo de films. WISEMAN protestaba contra esta denominación, porque la consideraba una práctica más bien similar a estar con la cámara prendida “a la pesca” de algo interesante que pudiera suceder, cuando, a diferencia de cierto cine de características etnográficas, su cine estaba pensado y estructurado. Precisamente, a lo largo de toda su obra, el sentido final de cada film radicará en las decisiones de montaje: sus cincuenta películas terminaron de escribirse en la sala de edición, con el propio WISEMAN como montajista. Basta el ejemplo de EX LIBRIS(2017): para este documental de tres horas y media sobre la Biblioteca Pública de Nueva York, el realizador registró 150 horas de metraje. La manipulación del material a través del montaje se aleja del concepto de observacional.
Sin embargo, la etiqueta se debe a una coherencia que mantuvo imperturbable a lo largo de sus 50 películas. El método de trabajo de WISEMAN consistió en la elección de una institución por película y, luego, una prolongada observación de la misma. A veces, a lo largo de semanas o meses, y en algunos casos, a lo largo de una o dos jornadas, el director registró conversaciones, rutinas y conflictos de ambientes muy diferentes en sus distintas películas. Así, escuelas, hospitales, tribunales, cuarteles militares, museos y bibliotecas fueron objeto de horas de material. En todos los casos, el resultado desnuda problemas estructurales, injusticias y hasta crímenes, sin que sean necesarias conclusiones explícitas.

Ya desde su ópera prima, TITICUT FOLLIES(1967), WISEMAN expuso un universo de humillación sistemática, negligencia médica y violencia institucional. Filmada en el Massachusetts Correctional Institution, una institución psiquiátrica para criminales con trastornos mentales, la cámara registra varias aberraciones perpetradas contra los internos, que constituyen el día a día en el hospital. Sin comentarios que sobreexpliquen lo visto, el impacto de las imágenes es más fuerte aún. En una escena clave de TITICUT FOLLIES, WISEMAN traza un traumático montaje paralelo entre imágenes de un paciente siendo alimentado de manera forzosa y violenta, e imágenes de una posterior preparación de su cadáver para su entierro. Estrenado en el New York Film Festival en 1967, se convirtió en el primero en la historia en ser prohibido en Estados Unidos por razones que no implican obscenidad ni seguridad nacional: se alegó que violaba la privacidad de los pacientes, y no fue posible verlo hasta 1991. La censura evitó la publicidad y el escándalo público consecuente por las condiciones de la institución.
Tras este ajetreado inicio de su carrera, WISEMAN continuó su primera etapa dedicándose a la captura del modo en que las instituciones reproducían los valores sociales y las jerarquías de poder. Así, retrató la cotidianeidad de una escuela secundaria donde se transmitían la disciplina y obediencia propios de la educación de ese país (HIGH SCHOOL, 1968); siguió a patrullas de policía, registrando la tensión entre la institución y la sociedad con abusos y muestras de racismo (LAW AND ORDER, 1969); mostró las complejidades sociales que aparecen a diario en la guardia de un precario hospital público de Harlem (HOSPITAL, 1970); la deshumanización en el entrenamiento a jóvenes marines antes de ser enviados a Vietnam (BASIC TRAINING, 1971); la vida cotidiana en un monasterio benedictino (ESSENE, 1972); el funcionamiento de un tribunal de menores (JUVENILE COURT, 1973); el uso de animales para experimentación científica (PRIMATE, 1974); y las tensiones y conflictos de una oficina de asistencia social de Nueva York (WELFARE, 1975), entre varios films más.
WISEMAN filmaba habitualmente en 16 mm, formato que le permitió registrar grandes cantidades de material. Todos los films que realizó entre 1967 y 1981 fueron filmados en blanco y negro. El último documental que utilizó ese formato fue NEAR DEATH(1989), devastador documento de seis horas de duración sobre el trabajo de cuidados paliativos del hospital Beth Israel de Boston. Esta relación entre WISEMAN y el tiempo es un hecho clave y transversal a toda su obra. Las situaciones que uno puede ver en un cortometraje o en una película de noventa minutos pueden generar un impacto inolvidable, pero ser testigo durante seis horas de hechos y conflictos sociales de una sola institución modifica por completo la relación del espectador con lo que ve. A su vez, el tiempo “interno” de los hechos filmados también incide en la percepción del espectador: es habitual en un documental de WISEMAN ver conversaciones completas sin interrupciones de montaje, reuniones filmadas casi en su totalidad y momentos de silencio sostenidos sin el corte que haría un cine más tradicional.

La década del 90 fue aún más novedosa y creativa para la filmografía de WISEMAN. CENTRAL PARK(1990) es el primer film en el que el director aplica su mirada antropológica a un lugar abierto, sin lógica institucional y espontáneo. El famoso parque de Nueva York aparece como un microcosmos urbano donde se cruzan clases sociales, culturas y usos del espacio público. Sus películas siguientes incluyeron el análisis de ballets, zoológicos, industrias y una bilogía de más de seis horas en total sobre un refugio para víctimas de violencia doméstica, entre muchos otros temas. Incluso filmó una secuela: después de veintiséis años, HIGH SCHOOL II(1994) retoma la observación de una escuela secundaria y del sistema educativo estadounidense.
Durante el siglo XXI, Wiseman realizó 17 largometrajes. Esta etapa se concentró más en instituciones culturales y se permitió incluso algunas obras de ficción, sin salirse de su histórico estilo narrativo. Así, THE GARDEN(2005) documentó el funcionamiento del Madison Square Garden; STATE LEGISLATURE(2007), el de las sesiones de la legislatura de Idaho; LA DANSE(2009), la producción de las obras del Paris Opera Ballet; CRAZY HORSE(2011), el famoso club nocturno homónimo de París; AT BERKELEY(2013), la vida en el campus de esa universidad; y NATIONAL GALLERY (2014), el museo de Londres que lleva ese nombre.
El cine de FREDERICK WISEMAN es muy poco visto hoy, ausente de las grandes plataformas y de la mayoría de los circuitos de exhibición. La curiosidad que pudo haber despertado la mediatización de su fallecimiento se habrá visto rápidamente disipada al descubrir que muchas de sus obras más representativas tienen duraciones de tres, cuatro y hasta seis horas. Su vigencia opera por contraste. En una época de consumo audiovisual frenético, que privilegia cantidad e inmediatez a densidad y sustancia, el método de WISEMAN cobra más importancia que nunca: una forma de cine que enseña que solo la observación paciente y prolongada de las cosas permite empezar a comprender el mundo.

El legado de WISEMAN no es solo una filmografía extensa de documentales interesantes que suman más de 120 horas de material. Lo que se desprende del visionado de su cine es, entre muchas otras cosas, que la verdad detrás de un hecho político no termina en un tweet, que el conocimiento sobre un tema requiere minuciosidad, y que una aseveración categórica sobre un tema complejo no es suficiente para su comprensión.