
La experiencia de ver cine fuera del hogar en una sala con desconocidos es un placer cuya extinción anuncian los pesimistas desde la aparición de la televisión en la década del 40. Cuando se tiene la suerte de que la película se proyecte no en una sala de siete filas dentro de un shopping, sino en un auditorio de 1750 butacas dentro del centro cultural más grande de América Latina, la experiencia mejora notablemente. Pero si además el visionado es acompañado por una orquesta sinfónica de ochenta músicos, la experiencia es inolvidable.
Las funciones de cine silente, musicalizadas con una orquesta sinfónica, son un espectáculo poco frecuente en la Argentina de hoy. El hecho más aproximado tal vez sea la National Film Chamber Orchestra, creada por FERNANDO KABUSACKI, que suele acompañar, con guitarra eléctrica y sintetizadores, las películas mudas programadas por FERNANDO MARTÍN PEÑA en el MALBA. Por eso fue una grata sorpresa, dentro de la agenda cultural de la ciudad de Buenos Aires, la aparición de un ciclo de cine mudo con orquesta sinfónica en vivo, que comenzó en abril con LA PASIÓN DE JUANA DE ARCO (CARL DREYER, 1928), y continuó el pasado 16 de agosto con EL ACORAZADO POTEMKIN (SERGEI EISENSTEIN, 1925), en coincidencia con la conmemoración de su centenario.
La primera proyección del film tuvo lugar el 21 de diciembre de 1925 en el Teatro Bolshoi de Moscú, en una ceremonia con motivo del aniversario de los sucesos revolucionarios de 1905, a la que asistieron miembros del gobierno soviético y representantes de las distintas artes. En sus memorias, el asistente de dirección GRIGORI ALEKSANDROV narró que el montaje se terminó tras bastidores mientras se proyectaban los primeros rollos. Diversas fuentes coinciden en que el acompañamiento musical fue de órgano, pero no se sabe a ciencia cierta qué obras se ejecutaron.
El estreno público de EL ACORAZADO POTEMKIN fue el 18 de enero de 1926 en el primer Goskinoteatre de Moscú, la primera sala de cine del Instituto Soviético del Cine. La función fue musicalizada por una orquesta en vivo que interpretó piezas de MODEST MÚSSORGSKY -fragmentos de Una noche en el Monte Pelado y Cuadros de una exposición-, ALEXANDER BORODIN -especialmente de la ópera El Príncipe Igor– y NIKOLÁI RIMSKY-KORSAKOV -trozos de Scheherazade-. Crónicas de la época mencionan también pasajes de TCHAIKOVSKY. Fue un montaje musical armado ad hoc, siguiendo la tradición de la época, en la que se elegían fragmentos conocidos para ilustrar el carácter épico, lírico, violento o trágico de cada escena.

Tras un gran éxito en Alemania, en 1926, la distribuidora de ese país le encarga al compositor austríaco EDMUND MEISEL una partitura original para el film. El resultado fue una banda sonora no solo funcional al tono de cada escena, sino con efectos en sincronía con movimientos visuales que sugerían sonido en la pantalla. Esta es la versión que circuló como definitiva, y que puede escucharse en las ediciones en DVD y BluRay. También es la que se utilizó para la función que se hizo en el Teatro Colón durante la edición del BAFICI de 2006, interpretada por la Orquesta Estable del teatro. La intención original de EISENSTEIN, al ser un film de propaganda, era que la música se renovara cada diez años para que estuviera siempre actualizada.
Para esta función, en conmemoración de los cien años de su estreno, el pianista, compositor y director coral SANTIAGO CHOTSOURIAN seleccionó obras de los mismos compositores interpretados en el estreno ruso: MÚSSORGSKY, BORODIN Y RIMSKI-KÓRSAKOV. Estos músicos, junto a MILI BALÁKIREV y CÉSAR CUI, pertenecen al círculo de compositores que buscaban crear la música nacional rusa entre 1856 y 1870 en San Petersburgo, y que fue conocido como “el gran puñado”, “el grupo poderoso” o “el grupo de Los Cinco”. Las obras fueron interpretadas por la Orquesta Sinfónica Juvenil Nacional Libertador San Martín, dirigida en esta ocasión por CHOTSOURIAN. “Quisimos buscar en estos compositores algo de la música que remite al pueblo ruso”, explicó el músico.
Las obras que sonaron en la Ballena Azul, el 16 de agosto, estuvieron hiladas por improvisaciones que le imprimieron un toque informal a la sonorización. A los arreglos originales se le añadieron algunos golpes de percusión, sincronizados con la imagen con intenciones efectistas, tal como en la versión de MEISEL: el tiro que recibe a traición el marinero Vakulinchuk coincidió milimétricamente con un golpe de tambor. También se utilizaron frases de otros instrumentos de la sección de percusión para sincronizar imágenes, como las botas de los soldados zaristas que pisan al unísono los escalones de la escalinata de Odessa.

Como antesala del espectáculo, la directora de cine y representante de los Estudios Mosfilm en la Argentina, SILVANA JARMOLUK; la presidenta de la Fundación Cinemateca Argentina, MARCELA CASSINELLI; y el propio CHOTSOURIAN brindaron una charla abierta en el Salón de Honor del Palacio Libertad, donde anticiparon detalles de la función y explicaron la importancia histórica de la obra maestra de EISENSTEIN. “Esta película es una composición. Aunque no tuviera música, es una composición rítmica”, expresó el pianista.
El cine mudo representa, en el siglo XXI, un gusto adquirido complejo. Su lenguaje visual, alejado de los cánones de hoy, requiere una paciencia por parte del espectador, altamente recompensada tras una o dos buenas experiencias. En una época donde las películas se ven en mayor medida en la intimidad del hogar o, en el mejor de los casos, en salas de cincuenta butacas, la oportunidad de ser más de mil que siguen, al mismo tiempo, una historia recupera la experiencia del cine masivo del siglo XX, a la vez que ratifica el valor de lo colectivo. Cuando en 2025 mil personas se estremecen, al mismo tiempo, viendo larvas en un corte de carne filmado en 1925, un pueblo vuelve a ser pueblo, al menos por 66 minutos.
Una reflexión provocadora podría destacar lo paradójico de ver, en un centro cultural gestionado por un gobierno de ultraderecha, que reprime protestas sociales y se declara enemigo de festivales estatales y de comunistas, una película de propaganda comunista con entrada libre y gratuita que detalla una represión brutal a una manifestación popular. Celebramos la producción de un espectáculo de esta ambición, al que acudió un público en su mayoría joven, hecho que probablemente tenga su explicación en la corta edad promedio de los músicos en escena, y que finalizó con los asistentes entonando el cántico “unidad de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode”.
