LUCRECIA MARTEL (Foto: Ettore Perrari, EFE EPA)

NUESTRA TIERRA es el primer documental de LUCRECIA MARTEL. Investiga el asesinato, en 2009, del líder de la comunidad indígena Chuschagasta, JAVIER CHOCOBAR, a manos del terrateniente DARÍO AMÍN por disputas territoriales en Tucumán. Finalizada la exhibición en el Festival de Venecia, la directora expuso ante el público y la prensa mundial las reflexiones que siguen a continuación.

“En 2010, vi en YouTube un video de cuatro minutos en el que un miembro de una comunidad indígena era asesinado por un terrateniente. Me impactó mucho y comencé a investigar durante mucho tiempo: contacté con la comunidad, consulté los documentos, seguí el juicio abierto después de años de protestas e intenté comprender qué lleva a una persona a justificar tomar un arma y matar a otro ser humano, cómo los temas de la ‘tierra’ y el ‘racismo’ tienen raíces y ramificaciones muy complejas.

Fue la primera vez que estaba en un juicio y entendí que es como una obra de teatro, construido dramáticamente, y en este caso particular, la forma tan distinta con que se trata a unas personas y a otras.

El Tribunal nos permitió poner las cámaras donde el Tribunal consideraba, no donde creíamos que sería mejor para la película. El Tribunal, no la justicia, es el que toma las decisiones dramáticas en un juicio. Entonces, pensé que la película no iba a contener el juicio, pero que había que filmarlo porque iba a ser relevante para la historia argentina. Después, con el editor JERÓNIMO PÉREZ ROJAS empezamos a darnos cuenta de que el juicio era una parte fundamental, porque pone en acción el lenguaje y las artimañas con las que es posible sostener el racismo y todas las patrañas en torno a la legitimidad de la tierra. 

NUESTRA TIERRA

Ante una película sobre una comunidad indígena, siempre la duda que tenemos los cineastas es si uno está autorizado para hablar de esas cosas, si no está aprovechándose para pasearse por el mundo con una película sobre el dolor y la frustración de otras personas.

Asumiendo el riesgo histórico de poder equivocarse, es indispensable acercarse a tratar de entender a los otros y, a través de los otros, a nuestros países y a nosotros mismos, porque creo que el cine entró en zonas de impotencia, donde las mujeres tienen que hablar de las mujeres, los hombres de los hombres, los negros de los negros, los indios de los indios. Entonces es indispensable asumir el riesgo de conversar con los otros y cometer errores. Indudablemente, los debo haber cometido en esta película. Apenas si podemos leer los contratos donde nosotros mismos nos organizamos para filmar, leer los contratos en donde un Estado nación ha urdido una trampa para dejar a alguien despojado de su tierra, aun bien asesorados, es mucho más difícil, uno puede cometer errores, pero está usando la palabra, las imágenes y el sonido. Supongamos si fuese el caso de que, en veinte años, alguien diga: se equivocaron completamente en la perspectiva de esta película. Bueno, en lo que no nos equivocamos fue en escanear todas esas fotografías de personas que viven en los cerros, que difícilmente se van a poder preservar en los teléfonos celulares. Ese material fue fundamental para nosotros, no solo las fotos, sino también los sonidos, porque rescatamos mucho material que los comuneros nos permitieron usar de sus vídeos, muchas canciones para lograr acercarnos a su expresión audiovisual.

Antes de hacer la película, ERNESTO DE CARBALLO, un compañero nuestro que hizo cámara y manejó los drones, dio un taller de cine a jóvenes de la comunidad para que se acercaran al trabajo que nosotros íbamos a hacer y, así, muchas de esas escenas que filmaron los chicos con equipo que nosotros compartimos con ellos están en la película, aunque para una cultura como la argentina, que se percibe a sí misma como blanca y descendiente de europeos, le cuesta acercarse a una comunidad y no pasarle por encima. La comunidad de Chuschagasta fue muy generosa con nosotros, y nosotros creemos que fuimos también generosos con ellos, pero es muy difícil evaluarlo por la posición en la que estamos. Del concierto de todos esos materiales se compuso la película.

Primer plano en el juicio

El dron fue creado para la guerra. Durante el juicio, la reconstrucción del crimen de Chocobar se hizo con gran despliegue, porque al Ministerio Fiscal, que se encarga de las reconstrucciones, le habían dado drones y estaba probándolos. Las imágenes de dron no parecían ser la mejor manera de revelar algo, pero mientras estábamos ahí, me pareció que permitirían comprender la belleza extrema de los territorios que defienden las comunidades. La avaricia del resto del país es más fácil de entender, pero entonces esas imágenes de sus territorios eran una forma emocional de comprender la palabra de la comunidad y compartirla con personas de nuestro país y del mundo.

Lo más problemático era qué sonido poner a las fotografías. Con todo el equipo, decidimos que fuera como una especie de brisa que te llega con un fragmento sonoro y uno tiene un recuerdo que evoca algo, esa fue la idea para después concentrarnos en la posibilidad que teníamos de registrar la palabra durante el juicio. Solo habían puesto un parlante de mala calidad. Un juicio es un espectáculo, pero todavía no se comprende su importancia sonora, todos los periodistas y nosotros teníamos que apuntar nuestros micrófonos a ese parlante. Hicimos todo lo posible para que se pudiera escuchar la palabra de las personas de la comunidad Chuschagasta en las mejores condiciones emocionales posibles, aunque no técnicas.

Una comunidad comunicada por la película

Es muy difícil que alguien hable cómodamente sobre sí mismo cuando está atravesado por el dolor de una muerte, en la que no termina de haber justicia, sobre un territorio que el Estado argentino no entrega. Y aparte, con una enorme experiencia de decepción de hablar con alguien que viene con la idea de “quiero hacer una película”, pero que años después termina desapareciendo porque no se consiguió la plata, o no sé qué, y abandonando el proyecto. Esa gente ha padecido innumerable cantidad de decepciones así. Habíamos grabado muchas entrevistas más, cuatrocientas horas de audio de grabación y vídeo, cinco mil fotos que fuimos escaneando, por eso demoramos tanto.

También entrevistamos a personas que representan la voz de la provincia. CARLOS PÉREZ LATORRE, de la Academia Histórica, que falleció hace unos años, pero escribía diariamente en La Gaceta, el periódico principal de Tucumán. Y tristemente, las personas fundamentales, con mayor autoridad en la narración histórica, tenían un entendimiento muy distante de lo que la comunidad percibía de su historia. En un principio, la intención fue no incorporarlos a la película, pero después nos pareció que era muy relevante percibir esa distancia e incluimos algunas.

Para terminar, quiero decirles a ustedes, que han venido interesados por una película pequeña incluida en el festival, que la historia nos ha puesto en esta encrucijada. Yo ahora hubiera querido jubilarme, estar en la playa; ustedes, seguramente, más jóvenes, tendrán la misma aspiración, pero no nos ha tocado el tiempo de jubilarnos, sino un tiempo donde el cine vuelve a tener una relevancia fundamental para contar lo que está sucediendo a diario. Vemos imágenes y sonidos de Palestina, un país y un pueblo que está siendo devastado como nuestros pueblos americanos. No sabemos qué va a pasar con la inteligencia artificial ¿nos quedaremos sin trabajo? Ya está pasando, me imagino. Es el mejor momento para hacer cine, para volver a pensar sobre nosotros y tratar de contarnos. No estemos deprimidos, mantengamos la alegría del trabajo de contar, porque es el bastión más importante que tiene la humanidad para pensarse a sí misma. Gracias”. 

NUESTRA TIERRA, tierra adentro