
“La cultura es parte de la dignidad de un pueblo. Y la dignidad no se negocia”. Las palabras pronunciadas por BENJAMÍN NAISHTAT en el escenario del Festival de San Sebastián, en 2018, resuenan más que nunca en este presente pesadillesco de destrucción que atraviesa el cine argentino. Es poco menos que un milagro que una de las pocas filmografías que hoy tienen continuidad sea la del autor de esas palabras.
Sabemos que estás filmando una adaptación de la novela Glaxo, de HERNÁN RONSINO. ¿Qué nos podés adelantar de la película?
GLAXO se encuentra actualmente en sus últimas instancias de posproducción. Es una coproducción argentino-brasileña financiada íntegramente por Brasil. Es una adaptación de una gran novela que entrelaza distintos momentos de la historia argentina y también cruza varios géneros literarios. Algo de todo eso intenté llevar a la pantalla y estoy ansioso por mostrar la película, que tiene un gran elenco y ha contado con un gran equipo técnico. Es una suerte de melodrama noir que busca también homenajear algo de la era de oro del cine nacional, la época de los estudios y las grandes estrellas.
Tanto GLAXO como LA VIRGEN DE LA TOSQUERA, de la que fuiste guionista, son adaptaciones de obras literarias. ¿Cuál es tu relación con la literatura? ¿Qué otras obras literarias te interesarían adaptar al cine?
Mi relación con la literatura intenta no ser muy extractivista, digamos. Es decir, no me considero alguien que anda en constante búsqueda de material, como sí está en la naturaleza de otros colegas, particularmente en otras latitudes. Pero dicho eso, la literatura argentina es particularmente notable, y sucede con frecuencia que algo que leo me parece un buen punto de partida para una película. Disfruté mucho de adaptar LA VIRGEN DE LA TOSQUERA, y creo que LAURA CASABÉ hizo un gran trabajo al dirigirla. Me alegró muchísimo que el público haya aceptado la película con tanto entusiasmo. Desde hace muchos, muchos años, vengo trabajando en una adaptación de Los siete locos, de ROBERTO ARLT. Es una versión muy libre y, a la vez, fiel o, al menos, eso espero. Creo que lograremos filmarla este año, sin duda, es el proyecto que más vértigo y ganas me ha generado en todos estos años.

¿En qué etapa se encuentra el documental PEDRO EN EL PAÍS?
Junto con MARÍA ALCHÉ hemos filmado en México un documental que gira alrededor de la increíble historia de vida de JOHN WILLIAM COOKE, su compañera ALICIA EGUREN y el hijo de ambos, PEDRO CATELLA (adoptivo en el caso de Cooke). Tenemos un corte cerrado y estamos apurando la posproducción de cara a un inminente estreno en el segundo semestre. Es una historia que nos ilusiona mucho compartir y circular, particularmente, en ámbitos comunitarios, sindicales, políticos. Es una película que -esperamos- puede traer algo de frescura a la discusión política. Y son historias que han sido deliberadamente omitidas y olvidadas por el campo popular en todo su espectro, porque incomodan y por las claves que esconden.
Dos de los cuatro largometrajes que dirigiste transcurren en el pasado. ¿Qué puede hacer el cine con la historia que no pueden hacer los libros o la academia? ¿Qué otro período o hecho histórico te interesaría reflejar en una próxima película?
Diría que tres de los cinco hablan del pasado. Pero el pasado no se ha ido. El pasado ni siquiera ha pasado, como decía FAULKNER, y le gustaba mucho evocar a mi abuela Susy, gran escritora y militante. Uno va al pasado para arraigarse con más profundidad al presente. Sin duda, me gustaría hacer un film futurista. Tengo una idea que me entusiasma mucho, en este sentido, para filmar en la costa patagónica: un melodrama distópico, de muy bajo costo. A veces parece que no alcanza el tiempo para todas las ideas. Y es que no alcanza. Y de la plata, ni hablemos.

Compartiste la dirección con ANA KATZ en la serie EL TIEMPO DE LAS MOSCAS, y con MARÍA ALCHÉ en PUAN y PEDRO EN EL PAÍS. ¿Cómo se divide la autoría cuando dos directores comparten una película?
Bueno, difícilmente pueda hablar con ligereza, porque MARÍA ALCHÉ es codirectora, compañera de vida y madre de mis dos hijos, entonces cuando hicimos PUAN y PEDRO EN EL PAÍS fue como una especie de expansión del ámbito vital que se materializó en cine. Algo del orden del encuentro. Aunque, desde ya, codirigir es extremadamente difícil y constituye un permanente ejercicio de moderación del ego, lo cual es muy bueno. En EL TIEMPO DE LAS MOSCAS teníamos distintos episodios, lo cual dejaba espacio muy personal para cada cual, sin mayores tensiones o interferencias. Dicho lo cual, el resultado final está muy ceñido a los paradigmas de la plataforma que lo produjo, como es natural, pero que no siempre coinciden con las intuiciones de uno.
¿Cómo ves el presente del cine argentino? No hay muchos matices para caracterizar el presente del cine argentino. La concurrencia a salas, diezmada por la pandemia, por la crisis económica y la falta de poder adquisitivo, por la epidemia de ansiedad. El mundo parece ir demasiado rápido para el cine. Pero va hacia el abismo o, peor, hacia ningún lado. La extrema derecha global, instalada en la Casa Rosada, demoniza la cultura en todas sus formas. La sociedad argentina, a grandes rasgos, ha convalidado el relato de que el cine argentino es malo y debe ser destruido, sus instituciones desmanteladas, las leyes que lo amparan derogadas, violadas, desconocidas. Incluso algunos colegas han llegado a dar espacio a una especie de culpa, como si este presente del cine fuese merecido. Es un momento de desánimo y tribulaciones para todos los que hemos hecho de esto, poco más poco menos, nuestra vida. En contrapunto, la creatividad resiste. Sigue habiendo ideas, sigue habiendo deseos. Hay jóvenes que quieren filmar, que siguen filmando, que hacen cosas geniales. En Córdoba, en Entre Ríos, en distintas provincias aparecen focos de humanidad que creen en esta forma de expresión y la hacen vivir. Las plataformas dan trabajo a unos pocos, entre los que me incluyo, pero es difícil encontrar el vértigo ahí. La sensación del sentido, de estar en el lugar correcto, como el día que filmamos la escena de PUAN, en la que SUBIOTTO choca con la policía. Esas otras películas, las haremos por otros medios. Pero las haremos. Yo, al menos, sigo creyendo en este lenguaje, en su infinita potencia, trato de ayudar a los amigos que se animan a seguir filmando, trato de mostrar películas. Acá estamos.
