
Tres Oscars ganó la nueva versión de FRANKENSTEIN, de GUILLERMO DEL TORO, producida por Netflix: Mejor diseño de vestuario, Mejor maquillaje y Mejor diseño de producción, pero el filme generó admiradores y detractores, reavivando entre otras la discusión siempre existente por el sentido de las transposiciones literarias.
GONZALO CALZADA
No soy partidario del debate respecto a que una película deba fidelidad a una novela. Son dos textos distintos y la relectura es inevitable y, a mi modo de ver, deseable. Más allá de que los personajes o partes de la narración cambien, los temas están bien planteados y siguen vigentes por lo arquetípicos: el mito de la creación, una criatura animada por artificios de la modernidad, a diferencia de otras (Golem, homúnculos, tulpas). La muerte en vida por negación de la muerte, o la vida plena en su aceptación como un ciclo. La inmortalidad como una maldición. La sociedad monstruosa que se refleja en la criatura como víctima, confrontando la mirada piadosa del mundo (femenina) con la utilitaria (masculina). A esto se suma el afecto o rechazo del progenitor y la capacidad de transformar el dolor en odio o amor y la condición humana de poder decidir. La crueldad del mundo actual reactualiza estos temas, en especial el mito de la creación en relación con la IA y la robótica. El monstruo refleja nuestra desmesura y nuestra relación adictiva con la tecnología, que nos aleja del arte y la vida. Para mí, la película es honesta al mundo de DEL TORO, y eso es suficiente, mi diferencia está en el formato: estos mitos, como Frankenstein o Drácula, piden celuloide, cuerpo y peso material frente al formato digital.
JIMENA MONTEOLIVA
Arranqué viendo FRANKENSTEIN con mucho entusiasmo. Ver una peli de GUILLERMO DEL TORO es siempre una experiencia, y esta no iba a dejar de serlo. Es una película muy bella y para ver en pantalla grande.
No quiero decir que la película me decepcionó. Nunca un director de esa talla puede decepcionar. Pero hay algo que me hizo ruido y no puedo explicar bien qué. Le doy muchas vueltas y creo que es por la conjunción de varias cosas. Por un lado, el virtuosismo técnico la hace un poco distante. Por otro, la idea de idealizar al monstruo, darle vuelta para que su creador, su humano, sea la persona malvada, asesina… Me torra un poco la humanización del creado. Y demostrar que el creador es un hombre codicioso y ególatra (¿la mujer no puede tener este tipo de sentimientos?) que se mueve por celos, por ambición.

Entiendo la intención de DEL TORO, la veo; quiere recordarnos que somos los humanos quienes estamos cargados de maldad. Pero ya está, lo sabemos, para mundo real solo tengo que ver las noticias. Tal vez, esperaba volver a la novela, donde el monstruo, con toda su furia animal es cegado por su necesidad de venganza. Me faltó visceralidad, creo. Y otra cosa en la que no entré (pero creo que soy la única) es en el monstruo de JACOB ELORDI… ¿Un Oscar? ¿de verdad? Menos mal que MIA GOTH salva todo, como siempre.
DANIEL DE LA VEGA
El año pasado leí la novela original de MARY SHELLEY, y esa lectura volvió particularmente significativa mi recepción de FRANKENSTEIN. Me resultó una obra extraordinaria: por su sutileza, por la originalidad de sus ideas y por la manera en que retrata el período histórico en el que fue escrita. Es una novela compleja también en lo estructural: un relato enmarcado en distintos puntos de vista, que plantea un problema complejo a la hora de ser trasladado al lenguaje cinematográfico. No se trata de una fragmentación caprichosa, sino de una arquitectura narrativa precisa que, en su traslación a otro medio, presenta dificultades inevitables.
En la literatura, ese dispositivo funciona de manera magistral. En el cine, en cambio, suele resentirse. Por eso, toda adaptación de Frankenstein parte de una dificultad de base: cómo traducir esa multiplicidad de miradas sin perder potencia dramática ni coherencia narrativa.
DEL TORO es un autor con una idiosincrasia visual muy marcada, profundamente cinematográfica, hasta el punto de trastocar la realidad para recrear otra completamente propia. En su FRANKENSTEIN hay, sin duda, un respeto literal por la estructura original de la novela, pero también una afectación formal que, en mi caso, termina generando distancia. El mundo que construye está tan estilizado que los decorados, los espacios y los vestuarios –que deberían sostener un verosímil histórico– se perciben como artificios evidentes. La tecnología y el diseño se manifiestan de manera dominante, y eso dificulta la implicación emocional.

Su manierismo conspira contra el verosímil. En el afán de generar impacto visual y afirmar una marca autoral, la forma se impone sobre la narración. Y cuando eso sucede, al menos para mí, como espectador, se debilita la credibilidad del relato y se pierde conexión emocional con lo que se está contando.
RUTH GÓMEZ
Desde lo emocional, como directora, FRANKENSTEIN, de GUILLERMO DEL TORO, se siente como una herida abierta. La criatura no genera miedo, sino una profunda compasión: duele verla existir. La película abraza la fragilidad, el abandono y la necesidad de ser amado. Cada plano parece cargado de melancolía, como si la forma y el fondo respiraran tristeza. Más que contar una historia, propone sentirla. Y ahí está su mayor acierto: emociona sin manipular, dejando una marca silenciosa pero persistente.

NICANOR LORETI
A mí, la película me gustó muchísimo. O sea, me parece que, en términos de realización, es infernal y que, desde CRONOS para acá, DEL TORO evolucionó como director de una forma fenomenal. Obviamente, hay pelis de él que me gustan más, sobre todo las que quizás están basadas en ideas originales de él, como EL LABERINTO DEL FAUNO o EL ESPINAZO DEL DIABLO, que es mi favorita, también porque está FEDERICO LUPPI y me parece fenomenal ahí. Sin embargo, de puesta en escena y en su evolución como director, ¡qué sé yo…! Esta está casi arriba de todo. Incluso en algunas películas que no están entre las mejores de él, como EL CALLEJÓN DE LAS ALMAS PERDIDAS, la puesta en escena, la puesta de cámara y su manejo del tono son fenomenales. A mí, realmente, me parece que es un maestro como director y que hay mucho que aprender sobre cómo pone la cámara y cómo piensa las películas. Y FRANKENSTEIN me parece que, en ese sentido, está muy arriba. Obviamente, me pasa que, como en muchos de estos casos, pienso “antes de la oportunidad de hacer lo que quieras, justo vas a hacer esta historia, que ya la vimos otras veces”. La vimos en la versión de BRANAGH y en muchas otras. Sin embargo, le encontró algunas vueltas originales que están buenas o que son jugadas para estos tiempos, como poner a JACOB ELORDI como la criatura. El protagonista, OSCAR ISAAC, me parece un actorazo también. Entonces, no tengo muchas críticas que hacer, más allá de pensar “bueno, hiciste FRANKENSTEIN y podés hacer lo que quieras…”. Pero DEL TORO tiene como una docena de películas y eligió hacer esta y la hizo como un maestro, digamos. Me pasa algo parecido con la NOSFERATU, de ROBERT EGGERS, que también me parece fenomenal la realización, y ¿qué decirle…? Así que estoy en el mismo lugar con ambas, digamos.

EMILIA COTELLA
Más que una adaptación, esta versión de Frankenstein se siente, en momentos, como una síntesis del cine de GUILLERMO DEL TORO: una obra donde lo monstruoso deja de ser un elemento más para convertirse en el eje absoluto del relato. Retoma una idea central de su filmografía: los monstruos como figuras atravesadas por el dolor y el deseo de conexión, y la lleva a su punto más directo. Lo que nace en esta historia no es simplemente una criatura, sino alguien condenado a existir en un margen imposible. Aprende, observa, entiende el mundo que lo rodea, pero no puede formar parte de él. Esa conciencia, la de saber que está solo, sin amor ni reconocimiento, es lo que vuelve su experiencia profundamente trágica.
